XLV.

»Mande á la tierra;—ú honras, y, vacía,

Me dedique una tumba, si es que fiera

Niega aquello la suerte... ¿Y yo sería

Quien, causando fracaso igual, hiriera

El tierno pecho de una madre pia

Que, excepcion entre ancianas, va doquiera

Siguiéndote, garzon, en nuestras huestes,

Y el regio hospicio despreció de Acéstes?»