XXI.

»Concedo, empero, por calmar tus penas,

Que al fin—cuando por líquidos caminos

Hayan á las itálicas arenas

Llegado, y en los campos laurentinos

Puesto á su capitan, de mal ajenas—

Su sér mortal las naves de tus pinos

Pierdan, y cada cual se trueque en Dea,

Cual Doto de Nereo ó Galatea,