XXXVII.

«¡Sol! ¡de mi juramento sé testigo!

¡Y tú, á do el hado al fin me da que aporte

Despues de afanes tantos, suelo amigo!

¡Y oh Rey omnipotente y real consorte,

Alma hija de Saturno, ya conmigo

Ménos severa, oidme! ¡Y tú, Mavorte,

Que sobre el haz de la anchurosa tierra

Haces rodar el carro de la guerra!