Vicenta. En nuestro lindo coliseo, desplegará la aristocracia agramantina un lujo... (Sin recordar el adjetivo.) ¿Cómo se llama al lujo?... ¡Ah! inusitado.[150]
María. ¡Bien por Agramante!
Vicenta. Y ahora, otra cosa. (Se sienta frente a ella.) Y esto que voy a decirle, querida mía, es un tantico desagradable...
María. (Alarmada.) ¿Qué, Vicenta?[155]
Vicenta. No, María, no es para asustarse... Soy su mejor amiga; me intereso mucho por usted, y quiero prevenirla de ciertos rumores...
María. (Serena.) ¿A ver, a ver?... ¿Qué dicen de mí?[160]
Vicenta. Naturalmente, todo el mundo encuentra muy extraordinario, encuentra inverosímil que una mujer sola pueda...
María. ¿Levantar del suelo a una familia, sostenerla en una pobreza decorosa?... ¡Vaya con el milagro![165] ¿Y de esto se asombran?
Vicenta. Se asustan, se escandalizan. Este compra-y-vende de una señorita noble, hija de Marqueses, no está en nuestras costumbres.
María. Ni ello les cabe en la cabeza a estas mujercitas[170] encogidas y para poco... Como si lo estuviera oyendo, Vicenta... dirán que una mujer no puede ganar dinero...