León. ¿De qué?

María. ¡Curiosón!... Esto es una partida secreta...[345] un dinerito que me ha caído del Cielo. No puedo decir más.

Vicenta. (Aparte maliciosa.) ¡Qué cielo será ése, Señor, de donde caen estos dineritos!

María. Bueno, bueno. Pues lo que debo a usted[350] sigo pagándolo en partiditas... Abóneme otras trescientas pesetas. (Se las pone delante.)

León. ¿De veras no las necesita? Antes que los principios, está la conveniencia de usted.

María. (Insistiendo.) No, hijo: cuando digo que...[355]

Vicenta. (Aparte.) ¡También le presta dinero!

León. (A Vicenta.) Estos son negocios, esto es ley y mutuo auxilio comercial, señora Alcaldesa.

María. Llevamos nuestras cuentas con todo rigor.

León. Aquí no hay engaño ni misterio. Señora mía,[360] está usted en la casa de la sinceridad, de la honradez más pura.