Don Rafael. (Indignado.) ¿Qué decís ahí, farsantes, envidiosos? (Indignado, se retira.)[830]
Bravo. (Solo con Corral.) Don Cesáreo se encargará de dar un corte a esta ignominia... Sólo que... me temo que llegue tarde.
Corral. Para que llegue a tiempo, estoy yo aquí, que madrugo... Ya estoy pensando el telegrama que[835] voy a poner... esta misma tarde.
Don Pedro. (Contestando a Filomena.) No, no... no me conformo con invitar a los presentes.
María. ¿Pues a quién...?
Don Pedro. Convido a todo el Ayuntamiento, a los[840] Juzgados de primera instancia y municipal, a la oficialidad de la zona, a la Guardia civil, a los maestros de las escuelas públicas, al clero parroquial...
Filomena. ¡Hijo, por Dios...!
Don Rafael. Déjele usted. Dios a todo proveerá.[845] (Óyese rumor lejano de alegría popular: voces, guitarras, panderetas.) Ya comienza el festejo.
Don Pedro. Alegría del pueblo, eres mi alegría.