Señorita 1ª. (A María.) Ahora los claveles. (Con ademán de ponérselos. María se sienta.)[865]

María. (Dejándose adornar.) Ponédmelos a vuestro gusto.

Bravo. (Aparte a Corral, señalándole a María.) ¡Vea usted qué preciosidad!

Corral. (Torciendo el rostro.) No la miro; no quiero[870] mirarla. Se me va la vista; me da el vértigo. (Pasan por el foro animados grupos de mozas del pueblo, con mantón de Manila, tocando panderetas; muchachos con guitarras y bandurrias. Marchan al son de un pasacalle.)

(Para ver la muchedumbre alegre, acuden a las rejas[875] todos menos María, que permanece a la derecha en actitud silenciosa y triste. Don Rafael a ella se aproxima.)

Don Rafael. (A María.) Hija mía, veo que no está usted alegre, y aquí vengo yo.

María. (Consternada.) Lo que a mis buenos padres[880] tanto regocija, a mí me anonada.

Don Rafael. Pero usted es un corazón fuerte, y afrontará valerosa las desventuras que la esperan.

María. (Muy afligida.) ¿Y cree usted que podré...?

Don Rafael. Lo veo muy difícil. A los fuertes se[885] debe la verdad. Lo creo imposible.