Vicenta. (Picada.) Don Rafael, yo sé mi obligación en mi casa... y en las ajenas.
Alcalde. (Por la derecha, presuroso.) Avisados ya[345] los señores, que estaban afligidísimos buscando a su querida hija. (Saluda a María fríamente.) Señorita, la compañía de don Rafael pone a salvo el decoro de usted.
León. El decoro de esta señorita no ha menester de[350] acompañamiento para resplandecer como el sol.
Don Rafael. ¡Mucho, mucho!
Alcalde. Nadie le ha dado a usted la palabra.
León. Yo la tomo.
Alcalde. ¿Con qué derecho?[355]
León. No es derecho: es deber, deber mío...
Alcalde. ¡Qué atrevimiento! (A María.) Por consideración a usted, no le contesto con la dureza que me impone mi autoridad.
Bravo. (A León, con grosera.) Amigo, ¿se le ha[360] quemado a usted el establecimiento? Porque si no, no entiendo de dónde pueden salir tantos humos.