León. Por lo visto es, además de Alcalde, pregonero.
María. Dejémosle... Pregone todo lo que quiera.
Vicenta. Yo... acelerando el paso, he llegado a tiempo...[330]
María. De salvarme. (Irónica.) Extraviada en el monte, a punto estaba ya de que me comieran los lobos.
Vicenta. Gracias que se extravió usted con el pastor.
Don Rafael. Dime, Vicentita: ¿al salir de tu casa, dejaste todo bien arreglado?[335]
Vicenta. Sí, señor.
Don Rafael. ¿Los nenes bien apañadicos... la ropa de Nicolás corriente de zurcidos y arreglos?
Vicenta. ¿Por qué me lo dice?
Don Rafael. Porque si tienes quehaceres en tu[340] casa... aquél es tu puesto... Aquí no nos haces ninguna falta.