María. ¿Pero no os ha dicho mi juramento, el[405] suyo...?

Don Pedro. Juramentos que nada significan si reconoces tu error...

María. Yo no falto a lo que prometo y juro. Lo que sabéis es resolución tomada y sostenida por la misma[410] alma que en días aciagos luchó con la miseria...

Don Pedro. Ya vimos el tesón tuyo de entonces...

María. Pues imaginadlo duplicado, y veréis el de ahora.

Don Pedro. (Severo.) ¿De modo que te obstinas...?[415]

Filomena. Hija, no me hagas olvidar el inmenso cariño que pusimos en ti...

María. Ese cariño siempre lo merezco. El amor que os tengo, ahora también se duplica.

Filomena. (Con maternal cariño.) ¡Oh, qué dolor!...[420] ¡Tú, María, separar tu existencia de la nuestra...!

María. Yo sacrificaría mis afectos, mi juventud, mi existencia, cuanto soy y lo poco que valgo, si viera que con ese sacrificio lograba vuestro bien; pero no es así.