Don Pedro. (Arrogante.) No lo consentiremos.
Filomena. Tú misma, mirando a tu linaje, a nosotros,[475] debes rechazarlo.
María. No, no.
Filomena. ¿No merecemos que sacrifique su inclinación?
Don Rafael. (Con energía.) Más merecedora es[480] ella de que ustedes sacrifiquen su orgullo.
Don Pedro. No es orgullo, es dignidad, y ésta no puede sacrificarse.
María. (Cortando la disputa.) Padre y madre muy queridos, no nos entendemos. Partid si así lo habéis[485] determinado. No iré con vosotros.
Don Pedro. (Iracundo.) Esto ya es intolerable.
Filomena. (Con gran severidad.) Hemos invocado tu cariño filial; ahora reclamamos tu obediencia.
María. En esto no puedo obedeceros. (Con entonación[490] vigorosa y grande entereza.) Marqués de Alto-Rey, tu hija, tu Mariucha, no comerá jamás el pan de Teodolinda.