Don Pedro. (Confuso.) ¿Qué dice?
María. (Con gradual energía.) ¿Habéis olvidado el[495] origen de ese pan, del amasijo de riquezas que lleva sobre sí la que será esposa de vuestro hijo? Yo os lo recordaré. Fue su fundamento la odiosa, la infame esclavitud. El padre de Teodolinda vendía negros, y su primer esposo los compraba... ¿Este comercio[500] os parece más honroso que el mío?... Ved ese caudal aumentado rápidamente con la usura de sangre humana, más inicua que la del dinero... vedlo crecer, crecer luego en montones de oro, y hacerse fabuloso, negociando en medio de las corrupciones coloniales...[505] Ese pan es el que vais a comer. Yo antes moriré que probarlo: me envenenaría el alma. Prefiero el pan amasado en el suelo pobre de mi patria, santificado con mi trabajo (Con fiera energía, apretando los puños), extraído ¡a pulso! con inmensas fatigas de la tierra dura,[510] de la tierra madre en que todos nacimos.
Don Pedro. (Desconcertado.) No puedo renegar del apoyo que nos trae Cesáreo.
Filomena. Mi pobre hija delira.
Don Rafael. Tolerancia, Marqués, en nombre de[515] Dios.
Don Pedro. Obediencia en nombre de mi autoridad.
Filomena. Que renuncie a ese amor afrentoso. (Asiente don Pedro.)
María. (Rebelándose.) Afrentoso habéis dicho, y[520] contra eso tengo que protestar con toda la fuerza de mi alma honrada y de mi conciencia pura.
Filomena. Si es inútil, María, que pretendas extraviarte. No lo consentiremos.
Don Pedro. Medios le sobran a Cesáreo para...[525]