Don Rafael. (Interrumpiéndole.) Cállate. Todo lo que tú puedas decirme me lo sé de memoria. Es el lenguaje[40] del servilismo, que entre las pisadas de los poderosos cultiva su interés. ¡El decoro de la familia, el nombre! Vale más un cabello de Mariucha que todos los nombres y remoquetes de los innumerables fantasmones que pueblan el mundo.[45]
Alcalde. (Queriendo explicarse.) Óigame... yo digo que...
Don Rafael. (Sin hacerle caso, con calor.) ¡Las posiciones! ¡Que me dé Dios vida para verlas arrasadas, hecha tabla rasa de todo este feudalismo indecente![50] Ea: abur.
Alcalde. Aguarde: no sea tan vivo. (Autoritario.) Tengo que advertirle...
Don Rafael. ¿Órdenes del bajá de tres colas... del Excelentísimo Sr. Duque...?[55]
Alcalde. Órdenes mías. Primero: no conviene que visite usted a este hombre... Segundo. Puesto que tiene a la fierecilla en su casa, exhórtela, aconséjela con todo el sermoneo que usted sabe emplear cuando quiere, y una vez dueño de ella...[60]
Don Rafael. Le echo al cuello una soga, y la traigo al redil paterno.
Alcalde. Sin soga o con soga, entendiendo por ésta la autoridad religiosa y moral. Antes de las tres ha de estar la señorita bien catequizada y bien amansada en[65] casa de sus padres, para que puedan tomar todos el tren de las cuatro...
Don Rafael. Bien, Nicolás. ¿Lo manda el amo?
Alcalde. Lo manda el sentido común; lo manda también el señor Obispo, ¡ojo! que es muy amigo de don[70] Cesáreo y...