Cesáreo. El odio no existe. Otro sentimiento me mueve ya. (Volviéndose hacia el Alcalde.) Mi hermana ha muerto... Muerta la lloraremos... Vámonos.[420]

Don Rafael. En nombre de Cristo, yo le incito a usted a la concordia, a la mansedumbre, al amor. (Pausa.)

Cesáreo. (Vacilando, se pasa la mano por los ojos.) Quisiera... (Después de breve lucha interior.) No...[425] imposible... imposible. (Para sí, consternado.) ¡Muerta Mariucha!... No puedo... no quiero verla... (Sale precipitadamente; tras él el Alcalde.)

Escena Última

María, León, Don Rafael.

Don Rafael. (Suspirando.) ¡Cómo ha de ser! (Dirígese a la habitación del fondo; se quita la esclavina.)[430] ¿Está todo pronto? (Se ve que han puesto los candeleros. Encienden las velas. Cirila pone sobre el altar búcaros con flores. Don Rafael les da prisa; sacan las ropas, capa, estola, y las colocan sobre un sillón.)

María. (Afligida.) ¡Me lloran muerta![435]

León. (Estrechándole las manos.) Los muertos son ellos, vida mía.

María. (Con efusión.) Yo vivo, sí; yo estoy viva. Vivo en mi conciencia, vivo en mis deberes, en las obligaciones de mi casa, de nuestra casa. Yo estoy viva. En[440] mí rebosa la salud, estalla la alegría, y enciende el alma todas sus luces: la fe, la esperanza, el amor. Yo estoy viva. (Fijándose en el ventanal, ve que pasan sus padres por el exterior.) ¡Ah, León... míralos... mis padres...![445]

León. Sí... Van hacia la estación.