Filomena. (Mirando por el balcón.) ¡Esa hija...! En la plaza no la veo.

Don Pedro. Pues que la busquen, que la traigan.

Don Rafael. (Asomándose por el fondo.) ¡Si está aquí, en el patio! Habla con las vecinas que llenan sus[335] cántaros en la fuente... Hace fiestas a los chiquillos. (La llama por señas.) Es la bondad misma.

Filomena. (Con profunda tristeza.) ¡Pobre ángel caído en este pozo!

Escena V

Los mismos; María por el fondo. Viste con sencilla elegancia, sin que en su atavío se conozca la pobreza de la familia.

María. (Serena, risueña.) Aquí estoy.[340]

Don Pedro. Pero, hija de mi alma, ¿qué hacías?

María. Me entretuve viendo y examinando nuestra vecindad. En el segundo patio he visto unas familias pobres muy simpáticas, unos chiquillos saladísimos. He hablado con cuantas mujeres vi, preguntándoles de qué[345] viven, cómo viven, qué comen... Y sus nombres, edad, familia, todito les pregunté... Tengo ese defecto: soy una fisgona insufrible...

Filomena. Eres una chiquilla.