Bravo (Juez municipal). Los intereses del pueblo nos han hecho olvidar la felicidad de la familia.[670]
Don Pedro. ¡Qué sorpresa, hijo; qué alegría! (Indicando la presencia de Teodolinda.) Y no es una sorpresa sola.
Cesáreo. (Dirigiéndose a Teodolinda.) Ya me dijo el Alcalde... (Corral habla con María; Roldán y Bravo[675] con Filomena.)
Teodolinda. ¿Que estaba yo aquí? (Alargándole su mano.) Pues ha sido de lo más casual... Yo no sospechaba...
Don Pedro. Con piedra blanca marco esta coincidencia[680] felicísima. La alegría de verte y el honor de esta visita.
Teodolinda. Ya ve usted, Cesáreo, cómo no se pueden hacer profecías.
Cesáreo. Ya, ya... (Don Pedro habla con el[685] Contratista.)
Teodolinda. La última vez que estuvo usted en mi casa salió diciendo que ya no nos veríamos más.
Cesáreo. Antes profetizó usted otra cosa, Teodolinda, que no fue confirmada.[690]
Teodolinda. Tal vez... Lo que prueba que todos somos muy malos profetas. Aleccionada por la pícara realidad, que así nos desmiente, ya no profetizo, Cesáreo. (Se levanta.)