Cesáreo. Imposible.
Teodolinda. Ya no le ruego más. ¡Cuando se obstina en hacerse el interesante...!
Cesáreo. Es absolutamente preciso que yo salga en el tren de las cinco.[715]
Teodolinda. Ya: tiene que conferenciar con el Ministro. De ello dependerá la salvación de la patria.
Cesáreo. No salvaré a la patria... Quizás salve a una parte de ella.
Teodolinda. En fin, adiós y buen viaje. Si quiere[720] comer conmigo... A la una en punto... ¡Pero qué tonta! El corto tiempo de que dispone pertenece a la familia.
Don Pedro. Antes que nosotros está la cortesía. Irá, Teodolinda; aceptará su amable invitación.[725]
Cesáreo. No, no...
Teodolinda. Verá usted, Marqués, cómo nos deja mal a todos. Adiós, adiós. (Las señoras la acompañan hasta la puerta. Corral, con oficiosa galantería, va tras ella ofreciéndole el brazo para conducirla hasta la[730] calle.)
Vicenta. (Al Alcalde.) Nicolás, vámonos.