León. Tímido no soy... Tengo otros defectos, pero ése no. Sé hablar con personas distinguidas.[890]
María. ¿Oyes, papá?
Don Pedro. (Observándole.) En efecto: su lenguaje, sus modales no se avienen con su modesta ocupación... ¿Y en qué puedo servirle?
León. Soy inquilino del almacén y vivienda de este[895] primer patio a la izquierda. Mi negocio me pide ya ensanche de local. Quisiera que el señor Marqués me arrendase toda la crujía, hasta la medianería del Juzgado municipal, desalojando el cafetín, que no paga alquiler.
Don Pedro. Amigo mío, yo no soy el propietario:[900] lo fui.
María. Somos simples inquilinos, como usted... Ese señor sastre nos ha cedido esta parte no más...
León. ¡Ah! Perdone usted: yo entendí que había entregado el edificio a los señores Marqueses para que[905] dispusiesen de todo... arriba y abajo...
Don Pedro. No, hijo mío.
León. Así lo entendí. Yo, la verdad, en el caso del Sr. López, así lo habría hecho.
Don Pedro. Gracias, amigo.[910]