María. ¡Oh!
Don Pedro. ¿Mandarás la carta? (María permanece[1030] muda, en profunda meditación. Pausa.) Contéstame.
María. (Con resolución animosa, alzando la cabeza.) Sí.
Filomena. (En la puerta de la derecha.) ¿Pero no[1035] venís a comer?
Don Pedro. Sí... ¡tengo un apetito...! (Dirígese a la puerta. María permanece inmóvil, meditabunda.)
Filomena. (A María.) ¿Y tú, Mariucha?... ¿qué haces, qué piensas?[1040]
María. Nada. (Impetuosa, después que les ve alejarse.) ¡La muerte, Señor, dame la muerte, o enséñame cómo hemos de vivir!
ACTO SEGUNDO
Crujía baja del patio claustrado en el palacio de Alto-Rey. Todos los huecos de la galería están cubiertos de cristalería antigua emplomada, a excepción del más próximo a la derecha, que es entrada de una glorieta cerrada, en su parte interior, por enrejado cubierto de enredaderas. Dicha glorieta se supone hecha para ocultar aquel lado del claustro que está en ruinas. Al extremo derecho de la galería está el arranque de la escalera que conduce a las habitaciones altas de los Marqueses; al izquierdo puerta practicable por la cual se sale al centro del patio y a la calle.