En la casa de la izquierda, puerta y reja del almacén de carbón.
Bancos de piedra arrimados a los cristales. Es primera hora de la noche. Claridad viva de luna llena ilumina la glorieta y arranque de la escalera, y la parte derecha del escenario.
Escena Primera
León, Cirila, que salen por la izquierda. León con la cara lavada.
León. ¿Está usted segura de lo que dice? Repítamelo.
Cirila. ¿Otra vez?
León. Es tan extraordinario, tan fuera de lo común, el mensaje traído por usted, que... Oído ya tres veces,[5] no me determino a creerlo.
Cirila. Pues a la cuarta va la vencida. Mi señorita, la señorita María, hija de los señores Marqueses de Alto-Rey... ¿Duda usted de que exista mi señorita?
León. No puedo dudar de lo que he visto. Lo que[10] dudo es que...
Cirila. ¿No se llama usted León, don León o el señor León? ¿No tiene la cara negra?