—El caucho es una de las substancias más maravillosas del siglo XX.

—No debemos olvidar que la extensión de su uso en la vida ordinaria se debe al descubrimiento casual de que en combinación con el azufre, la goma se convierte en una substancia dura que puede reemplazar con ventaja y económicamente a la madera, los metales y el papier maché.

—Ud. se refiere a la goma vulcanizada. Pero recuerdo que la goma, mezclada a su vez con cierta clase de papel forma la «fibra», substancia que está destinada a un uso ilimitado como sucedánea del cuero. Y a propósito, ¿el chicle de mascar se obtiene de los mismos árboles de donde se extrae el caucho?

—No, de ninguna manera. El chicle se saca del zapote y del chicozapote, árboles de Méjico y América Central.

—Se dice que el negocio del chicle está expuesto a fraudes debido a la introducción de piedras que, a escondidas,[13] agregan los productores a sus remesas.

—Esas prácticas cesaron desde que los manufactureros introdujeron en sus contratos cláusulas que determinan el grado de pureza que habrá de tener el producto.

—¿Son altos los derechos de importación del chicle?

—Alrededor de diez centavos por libra. Para disminuir este recargo, se le suele introducir por el Canadá, donde el chicle se refina. Como en este estado su peso se reduce a la mitad, la economía es considerable.

—Si la diminución de peso debida al refinado alcanza, como Ud. dice, al 50%, habría conveniencia en establecer refinerías de chicle en Méjico a fin de economizar los gastos de flete.

—Ciertamente. Se ahorraría así lo que hoy se paga por transportar tres mil toneladas anuales de desperdicio.