[9] Ud. lo ha dicho, Exactly so. VARIANTS: Así es, exactamente; como Ud. dice (or lo dice).
XXIV.—OPORTUNIDADES COMERCIALES EN LA AMÉRICA LATINA
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—En verdad,—dijo el señor Jiménez—para la actividad comercial norteamericana no hay campo más apropiado que el continente mismo[1] en que vivimos.
—Juntamente con la Rusia y la China—agregó mister Smith, banquero yanqui.[2]
—Pero Rusia está demasiado lejos y las condiciones en que ha quedado después de la guerra no permiten hacer vaticinios fundados,—replicó el señor Jiménez.—En cuanto a la China, tarde o temprano[3] caerá bajo la dominación japonesa. En cambio nuestros mercados latinoamericanos están menos expuestos a sufrir trastornos.
—Tal vez tenga Ud. razón,[4] después de todo—asintió el banquero;—pues la verdad es que la América latina nos permite hacer dos cosas importantes: Primero, concentrar en ella inversiones de dinero mediante la adquisición de títulos y la colocación de capitales en sus industrias; y segundo, comerciar con ella.
—Importando y exportando,—observó Jiménez.
—Eso es; importaríamos materias primas de que carecemos[5] y aún manufacturas que no producimos en la Unión o que conviniera mejor importar, en vez de fabricarlas aquí. En cuanto a nuestras exportaciones, claro está que consistirían en el producto variadísimo de nuestras fábricas.
—Tocamos aquí un tema interesante,—dijo a esta altura del diálogo[6] el brasileño, señor Souza.—Tengo para mí que[7] la doctrina de Monroe ha de llegar alguna vez a complementarse con una organización comercial, económica y hasta militar, que permita al continente abastecerse a sí mismo, dándole al mismo tiempo los medios necesarios para ampliar y defender sus rutas comerciales.
—Esa es una magnífica idea,—dijo mister Smith.—Pero—agregó con un sí es no es de[8] melancolía—difícil será que mi país desaloje a la Europa de los mercados de América. Las viejas naciones se han ejercitado por décadas en un arte que apenas comenzamos[9] a ensayar nosotros. Los plazos comerciales que conceden los comerciantes europeos son mucho más largos que los nuestros. Aquí no se ve nunca un papel comercial a 180 días, y mucho menos a un año, desde fecha de factura. El pago al contado o dentro de 30 días impera en este país hasta en el mercado internacional, al punto de que muchas casas en Filipinas, Cuba y Centro y Sud América se ven en la necesidad de mantener depósitos en bancos de este país para atender a sus compras. Es difícil competir, por otra parte, con naciones que tienen sobre nosotros la ventaja de haber arraigado ya en esos países, mediante los capitales que han invertido en multitud de industrias y empresas, las cuales, naturalmente, se proveen en Europa de los materiales, utensilios y maquinaria que necesitan. Las relaciones comerciales sólo adquieren incremento entre dos naciones cuando entrambas mantienen lazos de una interdependencia económica. El pago de servicios, dividendos y cupones sobre los capitales de un país invertidos en los otros, estimula una corriente de mercaderías en los dos sentidos, ya sea como valor de abono o como valor de cobro.