—Perdone, señorita. Me había equivocado. Déme el dos—tres—seis—uno[3] (2361) Libertad.
—Está ocupada la línea....
—¿Quiere Ud. llamar de nuevo?
—Ahí lo tiene[4] ahora....
—¡Hola! ¿Con quién hablo?
—Con Nicolás Encina.
—¡Hola Nicolás! ¿Cómo te va?[5] Soy Arturo.[6]
—¡Hola Arturo! ¡Al fin se te ve,[7] o por lo menos se te oye! ¿Dónde estabas?
—Anduve de viaje por la costa.
—Hasta se te ha pegado[8] la tonada.[9] Traes el acento cambiado. ¿De dónde me hablas?