—De casa de Jacinto.[10]

—¿Qué es de[11] Jacinto? Hace siglos que no le veo.

—Está a mi lado y me encarga te salude. ¿Cómo está tu gente?[12]

—Buena.[13] ¿Y don Alberto y misia Carolina[14]?

—Muy buenos, gracias. ¿Y por casa de ciertos lienzos?[15]

—Vengo ahora mismo[16] de allí; quedaban todos buenos ¿Cómo van esos[17] proyectos?

—Así no más.[18] Precisamente te llamaba para pedirte ciertos datos con el objeto de transmitirlos adonde tú sabes[19] en la esperanza de constituir la compañía telefónica de que te hablé hace algunos meses.

—Estoy a tus órdenes. ¿Qué datos deseas conocer?

—¿Sabes tú[20] si en algún país o por lo menos en alguna ciudad de la América latina el gobierno administra los teléfonos?

—En este momento sólo recuerdo el caso de Río de Janeiro. Pero es la excepción, pues como tú sabes, casi todas las líneas telefónicas de estos países están en manos de compañías particulares.