—Casi en todas partes; pero aun donde la gratuidad es un principio proclamado, no todos los niños reciben gratuitamente los libros y otros útiles escolares. Algunos países todavía imponen a los educandos un derecho pecuniario que se paga al recibir la matrícula. Este impuesto es módico, sin embargo, y de él están exentos los que no pueden satisfacerlo.

—¿Es también obligatoria la enseñanza primaria?

—La ley así lo establece en la gran mayoría de las repúblicas de que tratamos; pero son tantos los inconvenientes con que se tropieza para dar instrucción a todos los niños en edad escolar,[5] que las contravenciones a la ley quedan impunes.

—¿Cuáles son los inconvenientes a que Ud. se refiere?

—Uno de los mayores obstáculos a la difusión de la enseñanza es la vasta extensión de casi todos esos países, en los cuales la población se halla diseminada aquí y allá.[6] Como puede esperarse,[7] los centros urbanos dan las cifras más altas de inscripción y asistencia escolares.

—Nuestras equivocadas ideas acerca de la América latina nos hacen pensar involuntariamente en que todas esas repúblicas siguen los mismos planes y administran sus escuelas del mismo modo.

—Ya ve Ud. que no es así. Hablando de planes,[8] y sin salir por ahora de la enseñanza primaria, le diré a Ud. que ésta dura cuatro años en algunos países y en otros más, aunque seis puede considerarse el promedio general. Unos países han establecido la escuela intermedia, entre la primaria y la secundaria; en los otros los cursos del bachillerato empalman con los de la escuela elemental sin transición alguna.

—¿Se exige que los niños pronuncien el idioma materno como lo hacen los españoles?

—Sólo por excepción, especialmente cuando en las clases de lenguaje los alumnos deben distinguir ciertas letras por su sonido; pero fuera de estos casos, no se insiste en la pronunciación peninsular.[9] Esto no obstante, en el estudio del idioma se ponen ante el alumno los autores más castizos, tanto nacionales como de España. Se hace esfuerzos por conservar las formas puras y el significado propio de las palabras; pero cuando las voces nuevas o alteradas en su acepción responden a diferencias en el ambiente y las costumbres, se muestra el mismo celo por consagrar su significado y arraigarlas en el habla popular.

—¿Cuentan todas las escuelas primarias con maestros diplomados?