Aquí tomamos un tren que en ocho horas nos conduce a Guatemala la Nueva, capital de[42] la república, después de cruzar una fertilísima región montañosa en la que abunda toda suerte de[43] plantas silvestres y árboles de riquísimas maderas.

Podemos continuar nuestro viaje en ferrocarril desde la capital hasta Puerto Barrios, en la costa del Atlántico, donde llegamos tras de doce horas de viaje por una región digna de ser conocida[44] por lo interesante que es[45] para el hombre de negocios a quien le atraen las empresas agrícolas.

—¿Qué productos descuellan allí?

—Café, arroz, frutas y fibras, entre otros. Además el viaje es interesante del punto de vista histórico.[46] El tren pasa por las ruinas de Quirique, situadas a una milla de distancia de la estación y que pueden visitarse en coche o a caballo. En Livingston, doce millas al norte de Puerto Barrios, el paseo en lanchas hasta el lago Izabal ofrece la oportunidad de admirar un paisaje incomparable, que, no sé por qué[47] es menos visitado de lo que debiera.[48]

Regresamos a San José, donde podemos tomar uno de los vapores que hacen el servicio entre los puertos de Guatemala y los de San Salvador. Desde Acajutla, puerto principal de esta última república, donde desembarcamos, podemos ir en ferrocarril a la capital, que queda a sesenta y cinco millas, habiendo un ramal de veinticinco hasta Santa Ana. El viaje a la capital se hace recorriendo una hermosa y fertilísima región. La ciudad de San Salvador está situada entre montañas y en el centro de un valle donde prosperan las plantaciones de índigo.

—Creo que no se puede ir por ferrocarril desde Guatemala al Salvador.

—Mucho me lo temo,[49] a menos que[50] esté ya terminada la línea entre Guatemala y la ciudad de La Unión, en el Salvador; si esto es así,[51] puede ya hacerse por riel el viaje entre Acajutla y la costa del Atlántico. De modo, pues, que[52] acabada la línea entre Guatemala y Méjico, será posible viajar en tren desde el Salvador hasta Nueva York.

—Mirando el mapa, observo que Ud. ha trazado aquí algunas líneas rojas, indicando[53] la existencia de ríos navegables en San Salvador.

—Los hay allí por docenas. Son pequeños ríos y lagos que se utilizan para el transporte de productos y en gran parte para excursiones campestres. Sin embargo, ninguno de ellos nos lleva a la vecina república de Honduras, y esta es la razón por la cual[54] deberemos regresar a Acajutla para tomar el primer vapor que salga[55] para Amapala, principal puerto de Honduras en el Pacífico, el cual gozará de una gran prosperidad cuando llegue a este punto el ferrocarril interoceánico, que arranca de Puerto Cortés en el Atlántico.

—¿Cómo se va, pues, a Tegucigalpa, la capital de Honduras?