—A caballo[56] o en mula y, a trechos[57], en coche[58] y la travesía requiere de tres a cuatro días. El país es tan montuoso, que en algunos lugares no es posible hacer más de tres millas por hora. A veces el camino está esculpido en la roca; otras, penetra por selvas espesísimas o cruza dilatados desiertos de arena.
—En vez de regresar a Amapala, ¿no se puede continuar hasta la cabecera del ferrocarril que nos llevaría al Atlántico?
— No, porque habría que hacer una travesía de más de cinco días,[59] lo cual requeriría dos mulas o cinco caballos....
—¿Más caballos que mulas[60]?
—Sí, porque en países montañosos una mula es más resistente que[61] dos caballos.
—¿No hay medio de llegar al Atlántico por via fluvial?
—Si no en su totalidad, la mayor parte de esa travesía[62] puede hacerse por agua; pues como usted ve, el río Ulúa, que desemboca en el Atlántico, se comunica con el lago Yojoz por medio del río Blanco. Por lo tanto es preferible que regresemos a Amapala.
El viaje de Amapala hasta Corinto, puerto de Nicaragua, nos permitirá admirar el volcán Coseguina. La costa que tocamos es la más fértil de Nicaragua,[63] y en ella se produce en abundancia el café y otros dos productos[64] importantes: el cacao y el maíz. De Corinto un ferrocarril nos lleva a las ciudades de León, Managua (que es la capital) y Granada.
Con la excepción de[65] un pequeño trecho en las montañas, el tren recorre una comarca casi llana, dedicada principalmente a la agricultura y a la ganadería. Desde Granada, en la costa del lago Nicaragua, podemos continuar la travesía en vapor, primero por el lago y luego por el río San Juan que es su desagüe en el Atlántico.
—Veo que Nicaragua ofrece fácil tráfico fluvial entre ambas costas.