El gato escaldado del agua fría huye.
46. EL COMPETIDOR
Un día a eso de las seis de la tarde llegó a una posada un hombre. Se sentó y demandó:
—¿Puedo obtener que comer por mi dinero?
El posadero, hombre muy cortés y oficioso, replicó con una reverencia profunda:
—Sin duda, señor; mande Vd. lo que desee, y contentaré a Vd.—Y a la verdad, no era mala la cena. Mientras comía con mucho gusto, el posadero preguntó al huésped:
—¿Acaso le gustará a Vd. una botella de vino?
—Me conviene si puedo obtener algo bueno por mi dinero,—repuso el hombre. Concluida la cena, sirvió el café el posadero y demandó otra vez:
—¿Sin duda le gustará a Vd. un excelente tabaco?