Diciendo esto se levantó para irse. Su compañero que era más juicioso y reflexivo, dijo para sí:

—Aquí hay misterio, y no me apartaré de este sitio hasta haberlo averiguado.

Dejó partir al otro, y sin perder el tiempo, sacó un cuchillo, y comenzó a socavar la tierra alrededor de la lápida, hasta que logró levantarla. Encontró debajo de ella una bolsa. La abrió, y halló en ella cien ducados con un papel sobre el cual había estas palabras en latín:

"Te declaro por heredero mío a tí, cualquiera que seas, que has tenido ingenio para entender el verdadero sentido de la inscripción. Pero te encargo que uses de este dinero mejor de lo que yo he usado de él."

Alegre el estudiante con este descubrimiento, volvió a poner la lápida como antes estaba, y prosiguió su camino a Salamanca, llevándose el alma del licenciado.

53. PROVERBIOS. (III)

Dos amigos de una bolsa, el uno canta y el otro llora.

Dicen los niños en el solejar, lo que oyen a sus padres en el hogar.

De tal palo tal astilla.