Saco de mi pecho la marchita flor del peral, y contesto:

—Mi general, mi corazón está como esta flor. Lo único que deseo es un puesto en el sitio de más peligro para morir como soldado cristiano.

Se me concede lo que solicito.

A la salida del pueblo se levanta la tumba de un coronel muerto a los veinticinco años en un día de batalla.

52. EL ESTUDIANTE JUICIOSO

Caminaban juntos y a pie dos estudiantes desde Peñafiel a Salamanca. Sintiéndose cansados y teniendo sed se sentaron junto a una fuente que estaba en el camino. Después de haber descansado y mitigado la sed, observaron por casualidad una piedra que se parecía a una lápida sepulcral. Sobre ella había unas letras medio borradas por el tiempo y por las pisadas del ganado que venía a beber a la fuente. Picóles la curiosidad, y lavando la piedra con agua, pudieron leer estas palabras:

Aquí está enterrada el alma del licenciado Pedro García.

El menor de los estudiantes, que era un poco atolondrado, leyó la inscripción y exclamó riéndose:

—¡Gracioso disparate! Aquí está enterrada el alma. ¿Pues una alma puede enterrarse? ¡Qué ridículo epitafio!