Duero gentil, que, con torcidas vueltas,

Humedeces gran parte de mi seno,

Ansí en tus aguas siempre veas envueltas

Arenas de oro qual el Tajo ameno,

Y ansí las ninfas fugitivas sueltas,

De que está el verde prado y bosque lleno,

Vengan humildes á tus aguas claras,

Y en prestarte favor no sean avaras,

Que prestes á mis ásperos lamentos

Atento oido, ó que á escucharlos vengas,