—Hace mucho tiempo, mucho tiempo, yo no sé cuánto, pero los moros ocupaban aún la mayor parte de España, se llamaban condes[1] nuestros reyes, y las villas y aldeas pertenecían en feudo á ciertos señores, que á su vez prestaban homenaje á otros más poderosos, cuando acaeció lo que voy á referir á ustedes.[2]

[Footnote 1: condes = 'counts,' 'earls.' The word conde comes from the Latin comes, comitem, 'companion,' and during the Roman empire in Spain was a title of honor granted to certain officers who had jurisdiction over war and peace. During the reign of the Goths it was likewise an official and not a nobiliary title. Later, with the growth of the feudal system, the counts became not merely royal officers, but hereditary rulers, with coronets and arms and an assumption of absolute authority in their counties. In some of these counties the title developed later into that of king.]

[Footnote 2: The epoch referred to is doubtless in the eleventh century before the first crusade. See p. 122, note 1.]

Concluída esta breve introducción histórica, el héroe de la fiesta guardó silencio durante algunos segundos como para coordinar sus recuerdos, y prosiguió así:

—Pues es el caso, que en aquel tiempo remote, esta villa y algunas otras formaban parte del patrimonio de un noble barón, cuyo castillo señorial se levantó por muchos siglos sobre la cresta de un peñasco que baña el Segre, del cual toma su nombre.

Aún testifican la verdad de mi relación algunas informes ruinas que, cubiertas de jaramago y musgo, se alcanzan á ver sobre su cumbre desde el camino que conduce á este pueblo.

No sé si por ventura ó desgracia quiso la suerte que este señor, á quien por crueldad detestaban sus vasallos, y por sus malas cualidades ni el rey admitía en la corte, ni sus vecinos en el hogar, se aburriese de vivir solo con su mal humor y sus ballesteros en lo alto de la roca en que sus antepasados colgaron su nido de piedra.

Devanábase noche y día los sesos en busca de alguna distracción propia de su carácter, lo cual era bastante difícil, después de haberse cansado como ya lo estaba, de mover guerra á sus vecinos, apalear á sus servidores y ahorcar á sus súbditos.

En esta ocasión cuentan las crónicas que se le ocurrió, aunque sin ejemplar, una idea feliz.