Sabiendo que los cristianos de otras poderosas naciones, se aprestaban á partir juntos en una formidable armada[1] á un país maravilloso para conquistar el sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo, que los moros tenían en su poder,[2] se determinó á marchar en su seguimiento.

[Footnote 1: armada = 'fleet.' The reference is probably to the first crusade under Godfrey of Bouillon (1096–1099), which resulted in the capture of Jerusalem and the temporary establishment of a Christian kingdom in Palestine.]

[Footnote 2: que los moros tenian en su poder. See p. 35, note 4.]

Si realizó esta idea con objeto de purgar sus culpas, que no eran pocas, derramando su sangre en tan justa empresa, ó con el de transplantarse á un punto donde sus malas mañas no se conociesen, se ignora; pero la verdad del caso es que, con gran contentamiento de grandes y chicos, de vasallos y de iguales, allegó cuanto dinero pudo, redimió á sus pueblos del señorío, mediante una gruesa cantidad, y no conservando de propiedad suya más que el peñón del Segre y las cuatro torres del castillo, herencia de sus padres, desapareció de la noche á la mañana.

La comarca entera respiró en libertad durante algún tiempo, como si despertara de una pesadilla.

Ya no colgaban de los árboles de sus sotos, en vez de frutas, racimos de hombres: las muchachas del pueblo no temían al salir con su cántaro en la cabeza á tomar agua de la fuente del camino, ni los pastores llevaban sus rebaños al Segre por sendas impracticables y ocultas, temblando encontrar á cada revuelta de la trocha á los ballesteros de su muy amado señor.

Así transcurrió el espacio de tres años; la historia del mal caballero, que sólo por este nombre se le conocía, comenzaba á pertenecer al exclusivo dominio de las viejas, que en las eternas veladas del invierno las[1] relataban con voz hueca y temerosa á los asombrados chicos; las madres asustaban á los pequeñuelos incorregibles ó llorones diciendoles: ¡que viene el señor del Segre![2] cuando he aquí que no sé si un dia ó una noche, si caído del cielo ó abortado de los profundos, el temido señor apareció efectivamente, y como suele decirse, en carne y hueso, en mitad de sus antiguos vasallos.

[Footnote 1: las. See vocabulary.]

[Footnote 2: ¡que viene el señor del Segre! Compare the familiar English expression used to frighten children: "The boogy-man is coming.">[