Estrechado, sin embargo, por las interrogaciones de su señor y por los ruegos de Constanza, que parecía la más curiosa é interesada en que el pastor refiriese sus estupendas aventuras, decidióse éste á hablar, mas no sin que antes dirigiese á su alrededor una mirada de desconfianza, como temiendo ser oído por otras personas que las que allí estaban presentes, y de rascarse tres ó cuatro veces la cabeza tratando de reunir sus recuerdos ó hilvanar su discurso, que al fin comenzo dó esta manera:

—Es el caso, señor, que según me dijo un preste de Tarazona,[1] al que acudí no ha mucho, para consultar mis dudas, con el diablo no sirven juegos, sino punto en boca, buenas y muchas oraciones á San Bartolomé,[2] que es quien le conoce las cosquillas, y dejarle andar; que Dios, que es justo y está allá arriba, proveerá á todo. Firme en esta idea, había decidido no volver á decir palabra sobre el asunto á nadie, ni por nada; pero lo haré hoy por satisfacer vuestra curiosidad, y á fe á fe que después de todo, si el diablo me lo toma en cuenta, y torna á molestarme en castigo de mi indiscreción, buenos Evangelios llevo cosidos á la pellica, y con su ayuda creo que, como otras veces no me será inútil el garrote.

[Footnote 1: Tarazona. A venerable town of some 8800 inhabitants situated on the river Queiles, northeast of the Moncayo (see p. 8, note 1) and northwest of the town of Borja.]

[Footnote 2: San Bartolomé—'St. Bartholomew,' one of the twelve apostles, deemed by some to be identical with Nathanael. "Little is known of his work. According to tradition he preached in various parts of Asia, and was flayed alive and then crucified, head downward, at Albanopolis in Armenia. His memory is celebrated in the Roman Catholic church on August 24." Century Dict. In popular superstition St. Bartholomew is supposed to have had particular power over the devil, and prayers to this saint are thought to be specially efficacious against the wiles of the evil one. For a detailed account of St. Bartholomew's power over the devil, see Jacobi a Voragine, Legenda Aurea (Th. Graesse), Lipsiae, MDCCCL, cap. cxxiii, pp. 540–544.]

—Pero, vamos, exclamó don Dionís, impaciente al escuchar las digresiones del zagal, que amenazaban no concluir nunca; déjate de rodeos y ve derecho al asunto.

—Á él voy, contestó con calma Esteban, que después de dar una gran voz acompañada de un silbido para que se agruparan los corderos, que no perdía de vista y comenzaban[1] á desparramarse por el monte, torno á rascarse la cabeza y prosiguió así:

[Footnote 1: que no perdía de vista y comenzaban. Compare the use of the relative in this phrase with that to which attention has been called on p. 10, note 1.]

—Por una parte vuestras continuas excursiones, y por otra el dale que le das de los cazadores furtivos, que ya con trampa ó con ballesta no dejan res á vida en veinte jornadas al contorno, habían no hace mucho agotado la caza en estos montes, hasta el extremo de no encontrarse un venado en ellos ni por un ojo de la cara.