»Escarabajos de esmeralda, luciérnagas de fuego, mariposas negras,[1] venid!
[Footnote 1: These insects figure frequently in popular mythology. Consult de Gubematis, Zoological Mythology, London, 1872, 2 vols.]
»Y venid vosotros todos, espíritus de la noche, venid zumbando como un enjambre de insectos de luz y de oro.
»Venid, que ya el astro protector de los misterios[1] brilla en la plenitud de su hermosura.
[Footnote 1: The moon.]
»Venid, que ha llegado el momento de las transformaciones maravillosas.
»Venid, que las que os aman os esperan impacientes.»
Garcés, que permanecía inmóvil, sintió al oir aquellos cantares misteriosos que el áspid de los celos le mordía el corazón, y obedeciendo á un impulso más poderoso que su voluntad, deseando romper de una vez el encanto que fascinaba sus sentidos, separó con mano trémula y convulsa el ramaje que le ocultaba, y de un solo salto se puso en la margen del río. El encanto se rompió, desvanecióse todo como el humo, y al tender en torno suyo la vista, no vió ni oyó más que el bullicioso tropel con que las tímidas corzas, sorprendidas en lo mejor de sus nocturnos juegos, huían espantadas de su presencia, una por aquí, otra por allá, cuál salvando de un salto los matorrales, cuál ganando á todo correr la trocha del monte.
—¡Oh! bien dije yo que todas estas cosas no eran más que fantasmagorías del diablo, exclamó entonces el montero; pero por fortuna esta vez ha andado un poco torpe dejándome entre las manos la mejor presa.