III
Pasados algunos minutos, durante los cuales ambos jovenes se dieron toda clase de muestras de amistad y cariño, Alonso tomó la palabra, y con acento conmovido aún por la escena que acabamos de referir, exclamó, dirigiendose á su amigo:
—Lope, yo se que amas á doña Inés; ignoro si tanto como yo, pero la amas. Puesto que un duelo entre nosotros es imposible, resolvámonos á encomendar nuestra suerte en sus manos. Vamos en su busca; que ella decida con libre albedrío cuál ha de ser el dichoso, cuál el infeliz. Su decisión será respetada por ambos, y el que no merezca sus favores mañana saldrá con el rey de Toledo, é irá á buscar el consuelo del olvido en la agitación de la guerra.
—Pues tú lo quieres, sea; contestó Lope.
Y el uno apoyado en el brazo del otro, los dos amigos se dirigieron hacia la catedral,[1] en cuya plaza,[2] y en un palacio del que ya no quedan ni aún los restos, habitaba doña Inés de Tordesillas.
[Footnote 1: la catedral. See p. 55, note 1.]
[Footnote 2: plaza. There is a small square in front of the cathedral, called to-day the Plaza de (or del) Ayuntamiento.]
Estaba á punto de rayar el alba, y como algunos de los deudos de doña Inés, sus hermanos entre ellos, marchaban al otro día con el ejército real, no era imposible que en las primeras horas de la mañana pudiesen penetrar en su palacio.
Animados con esta esperanza, llegaron, en fin, al pie de la gótica torre[1] del templo; mas al llegar á aquel punto, un ruido particular llamó su atención, y deteniéndose en uno de los ángulos, ocultos entre las sombras de los altos machones que flanquean los muros, vieron, no sin grande asombro, abrirse el balcón del palacio de su dama, aparecer en él un hombre que se deslizó hasta el suelo con la ayuda de una cuerda, y, por último, una forma blanca, doña Inés sin duda, que inclinándose sobre el calado antepecho, cambió algunas tiernas frases de despedida con su misterioso galán.
[Footnote 1: la gotica torre. See p. 55, note i.]