El primer movimiento de los dos jóvenes fué llevar las manos al puño de sus espadas; pero deteniéndose como heridos de una idea súbita, volvieron los ojos á mirarse, y se hubieron de encontrar con una cara de asombro tan cómica, que ambos prorrumpieron en una ruidosa carcajada, carcajada que, repitiéndose de eco en el silencio de la noche, resonó en toda la plaza y llego hasta el palacio.
Al oirla, la forma blanca desapareció del balcón, se escuchó el ruido de las puertas que se cerraron con violencia, y todo volvió á quedar en silencio.
Al día siguiente, la reina, colocada en un estrado lujosísimo, veía desfilar las huestes que marchaban á la guerra de moros, teniendo á su lado las damas más principales de Toledo. Entre ellas estaba doña Inés de Tordesillas, en la que aquel día, como siempre, se fijaban todos los ojos; pero según á ella le parecía advertir, con diversa expresión que la de costumbre. Diriase que en todas las curiosas miradas que á ella se volvían, retozaba una sonrisa burlona.
Este descubrimiento no dejaba de inquietarla algo, sobre todo teniendo en cuenta las ruidosas carcajadas que la noche anterior había creído percibir á lo lejos y en uno de los ángulos de la plaza, cuando cerraba el balcón y despedia á su amante; pero al mirar aparecer entre las filas de los combatientes, que pasaban por debajo del estrado lanzando chispas de fuego de sus brillantes armaduras, y envueltos en una nube de polvo, los pendones reunidos de las casas de Carrillo y Sandoval; al ver la significativa sonrisa que al saludar á la reina le dirigieron los dos antiguos rivales que cabalgaban juntos, todo lo adivinó, y la púrpura de la vergüenza enrojeció su frente, y brilló en sus ojos una lágrima de despecho.
[EL BESO]
I
Cuando una parte del ejército francés se apodero á principios de este siglo[1] de la histórica Toledo,[2] sus jefes, que no ignoraban el peligro á que se exponían en las poblaciones españolas diseminándose en alojamientos separados, comenzaron por habilitar para cuarteles los más grandes y mejores edificios de la ciudad.
[Footnote 1: una parte... siglo. The French armies of Napoleon entered Spain in 1808. Joseph Bonaparte was declared king, but the opposition of Spain was most heroic, and in 1814 the French were expelled. They made great havoc in Toledo, where among other desecrations they burned the Alcazar (now restored) and the convent church of San Juan de los Reyes.]