[1392] In 1790, poor Cumberland, when in Madrid, was as nearly as possible murdered by three of their surgeons in a very few days; the most dangerous of his assailants being no less a man than the ‘chief surgeon of the Gardes de Corps,’ who, says the unfortunate sufferer, was ‘sent to me by authority.’ See Memoirs of Richard Cumberland, written by himself, London, 1807, vol. ii. pp. 67, 68.

[1393] Duclos says of Philip V., ‘Il étoit fort attentif sur sa santé; son médecin, s'il eût été intriguant, auroit pu jouer un grand rôle. Hyghens, Irlandois, qui occupoit cette première place, fort éloigné de l'intrigue et de la cupidité, instruit dans son art, s'en occupoit uniquement. Après sa mort, la reine fit donner la place à Servi, son médecin particulier.’ Mémoires par Duclos, 2e édit. Paris, 1791, vol. ii. pp. 200, 201. ‘Hyghens, premier médecin, était Irlandais.’ Mémoires du Duc de Saint Simon, vol. xxxvi. p. 215, ed. Paris, 1841.

[1394] In the eighteenth century, the Spaniards, generally, began to admit this; since they could not shut their eyes to the fact that their friends and relations succumbed so rapidly under professional treatment, that sickness and death were almost synonymous. Hence, notwithstanding their hatred of the French nation, they availed themselves of the services of French physicians and French surgeons, whenever they had an opportunity of doing so. In 1707, the Princess des Ursins writes from Madrid to Madame de Maintenon, ‘Les chirurgiens espagnols sont mésestimés même de ceux de leur nation;’ and, in another letter, ‘Les Espagnols conviennent que les médecins français sont beaucoup plus savants que les leurs; ils s'en servent même très-volontiers, mais ils sont persuadés que ceux de la faculté de Montpellier l'emportent sur les autres.’ Lettres inédites de Madame de Maintenon et de la Princesse des Ursins, vol. iii. p. 412, vol. iv. p. 90.

[1395] Campomanes (Apendice á la Educacion Popular, Madrid, 1776, vol. iii. pp. 74, 75), speaking of a work on distillation, says, ‘La tercera (parte) describe la preparacion de los productos químicos sólidos: esto es la preparacion de varias sustancias terreas, como argamasa, magnesia blanca, ojos de cangrejo, etc., la de varios sales, como sal de glaubero, amoniaco, cristal mineral, borax refinado, etc., y la del antimonio, mercurio, plomo, litargirio, etc., comunicando sobre todo lo expresado varias noticias, que demuestran lo mucho que conducen á los progresos del arte, las observaciones del fisico reflexivo: unidas á la práctica de un profesor experimentado. Este arte en toda su extension falta en España. Solo le tenemos para aguardientes, rosolis, y mistelas. La salud pública es demasiado importante, para depender de los estraños en cosas esenciales; quando no estimulase nuestra industria la manutencion de muchas familias.’ … ‘Gran parte de estas cosas se introducen de fuera, por no conocerse bien las operaciones químicas. No son dificultosas en la execucion; pero es necesario enseñarlas, y conocer los instrumentos que son aproposito. Un laboratorio químico, que se va á establecer en Madrid, producirá maestros para las capitales del reyno.’

[1396] ‘Su ministro el célebre Ensenada, que tenia grandes miras en todos los ramos de la administracion pública, deseaba ardientemente mejorar la enseñanza, lamentándose del atraso en que esta se hallaba. “Es menester, decia hablando de las universidades, reglar sus cátedras, reformar las superfluas y establecer las que faltan con nuevas ordenanzas para asegurar el mejor método de estudios. No sé que haya cátedra alguna de derecho público, de física esperimental, de anatomía y botánica. No hay puntuales cartas geográficas del reino y de sus provincias, ni quien las sepa grabar, ni tenemos otras que las imperfectas que vienen de Francia y Holanda. De esto proviene que ignoramos la verdadera situacion de los pueblos y sus distancias, que es una vergüenza.”’ Tapia, Civilizacion Española, Madrid, 1840, vol. iv. pp. 268, 269. See also Biografía de Ensenada, in Navarrete, Coleccion de Opúsculos, Madrid, 1848, vol. ii. pp. 21, 22. ‘Le parecia vergonzoso que para conocer la situacion y distancias respectivas de nuestros mismos pueblos y lugares, dependiésemos de los franceses y holandeses, quienes por sus mapas imperfectas de la península extraían de ella sumas considerables.’ Eighty years after this complaint was made by Ensenada, we find a traveller in Spain stating that ‘a decent map of any part, even of the country round the gates of the capital, cannot be found.’ Cook's Spain from 1829 to 1832, London, 1834, vol. i. p. 322. Compare Notices of Geological Memoirs, p. 1, at the end of the Quarterly Journal of the Geological Society, vol. vi., London, 1850; ‘even a good geographical map of the Peninsula does not exist.’

[1397] M. Rio (Historia del Reinado de Carlos III., vol. i. p. 185) mentions this in a very characteristic manner. ‘Varios extranjeros distinguidos hallaron fraternidad entre los españoles, y correspondieron hidalgamente al hospedaje: Cervi dió vida á las sociedades médicas de Madrid y Sevilla; Virgili al colegio de Cirugía de Cádiz; Quer trabajó sin descanso para que el Jardin Botánico no fuera un simple lugar de recreo, sino principalmente de estudio; Bowles comunicó grande impulso á la mineralogía,’ &c.

[1398] I have mislaid the evidence of this fact; but the reader may rely on its accuracy.

[1399] Townsend (Journey through Spain in 1786 and 1787, vol. ii. p. 275) says, ‘Don Antonio Solano, professor of experimental philosophy, merits attention for the clearness and precision of his demonstrations: but, unfortunately, although his lectures are delivered gratis, such is the want of taste for science in Madrid, that nobody attends them.’

[1400] ‘La ignorancia reinante en los últimos años del siglo xvii. depravó en tal manera el buen gusto, que á principios del xviii. las artes se hallaban en la mas lastimosa decadencia.’ Tapia, Civilizacion Española, Madrid, 1840, vol. iv. p. 346. See also, on this decline, or rather destruction, of taste, Valasquez, Origines de la Poesia Castellana, Malaga, 1754, 4to. ‘Un siglo, corrompido, en que las letras estaban abandonadas, y el buen gusto casi desterrado de toda la nacion.’ p. 70. ‘Al passo que la nacion perdia el buen gusto, y las letras iban caminando á su total decadencia.’ p. 107. ‘Los caminos por donde nuestros poetas en el siglo pasado se apartaron del buen gusto en esta parte.’ p. 170.

[1401] ‘Solo cuatro navíos de línea y seis de poco porte dejaron los reyes de orígen austriaco, y todos tan podridos que apenas podian aguantar el fuego de sus propias baterias.’ Rio, Historia del Reinado de Carlos III., Madrid, 1856, vol. i. p. 184.