Desde una alta ventana de la torre
O trepa de la cùpula sombria
A la gigante cruz.
Anegados en làgrimas los ojos
Yo la contemplo inmòvil desde el suelo
Hasta que el rechinar de los cerrojos
La hace aturdida huir.
La funeral sonrisa me saluda
Del solo ser que con los muertos vive,
Y me presta su mano àspera y ruda