Eco de los que ya reposo eterno
Gozan en paz bajo la tumba fría.
Montemar, atento sólo a su aventura,
Que es bella la dama y aun fácil juzgó,
Y la hora, la calle y la noche oscura
Nuevos incentivos a su pecho son.
«—Hay riesgo en seguirme.—Mirad ¡qué reparo!
—Quizá luego os pese.—Puede que por vos.
—Ofendéis al cielo.—Del diablo me amparo.