Cuando en hondo sueño yace muerto el mundo,
Cuando todo anuncia que habrá de morir
Al hombre que loco la recia tormenta
Corrió de la vida, del viento a merced,
Cuando una voz triste las horas le cuenta,
Y en lodo sus pompas convertidas ve,
Forzoso es que tenga de diamante el alma
Quien no sienta el pecho de horror palpitar,
Quien como Don Félix, con serena calma,
Ni en Dios ni en el diablo se ponga a pensar.