Así en tardos pasos, todos murmurando,

El lúgubre entierro ya cerca llegó,

Y la blanca dama, devota rezando,

Entrambas rodillas en tierra dobló.

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Calado el sombrero y en pie, indiferente

El féretro mira Don Félix pasar,

Y al paso pregunta con su aire insolente

Los nombres de aquellos que al sepulcro van.

Mas ¡cuál su sorpresa, su asombro cuál fuera,