Las muertas horas a las muertas horas

Siguen en el reloj de aquella vida,

Sombras de horror girando aterradoras,

Que allá aparecen en medrosa huída;

Ellas solas y tristes moradoras

De aquella negra, funeral guarida,

Cual soñada fantástica quimera,

Vienen a ver al que su paz altera.

Y en él enclavan los hundidos ojos

Del fondo de la larga galería,