Sintió, removidas las tumbas,
Crujir a sus pies con fragor,
Chocar en las piedras los cráneos
Con rabia y ahinco feroz,
Romper intentando la losa,
Y huir de su eterna mansión,
Los muertos, de súbito oyendo
El alto mandato de Dios.
Y de pronto en horrendo estampido