Desquiciarse la estancia sintió,
Y al tremendo tartáreo ruido
Cien espectros alzarse miró:
De sus ojos los huecos fijaron
Y sus dedos enjutos en él;
Y después entre sí se miraron,
Y a mostrarle tornaron después;
Y, enlazadas las manos siniestras,
Con dudoso, espantado ademán