Contemplando, y, tendidas sus diestras,
Con asombro al osado mortal,
Se acercaron despacio, y la seca
Calavera, mostrando temor,
Con inmóvil, irónica mueca
Inclinaron, formando en redor.
Y entonces la visión del blanco velo
Al fiero Montemar tendió una mano,
Y era su tacto de crispante hielo,
Y resistirlo audaz intentó en vano: