Aun brotando sangre de su corazón,

Se acerca y le dice, su diestra tendida,

Que impávido estrecha también Montemar:

«—Al fin, la palabra, que disteis, cumplida,

Doña Elvira, vedla, vuestra esposa es ya;

1530

«Mi muerte os perdono.—Por cierto, Don Diego,

Repuso Don Félix tranquilo a su vez,

Me alegro de veros con tanto sosiego,

Que a fe no esperaba volveros a ver.