¡Hurra! nuestros caballos en su frente
Hondas sus herraduras marcarán.
¡Hurra, Cosacos del desierto....
A cada bote de la lanza ruda,
A cada escape en la abrasada lid,
La sangrienta ración de carne cruda
Bajo la silla sentiréis hervir.
Y allá después en templos suntüosos,
Sirviéndonos de mesa algún altar,
Nuestra sed calmarán vinos sabrosos,