Que nuestro amor y juventud veían,

Y temblaban las horas que vendrían.

Y llegaron en fin.... ¡Oh! ¿quién impío

¡Ay! agostó la flor de tu pureza?

Tú fuiste un tiempo cristalino río,

Manantial de purísima limpieza;

Después torrente de color sombrío,

Rompiendo entre peñascos y maleza,

Y estanque, en fin, de aguas corrompidas,

Entre fétido fango detenidas.