Tan breves ¡ay! como después lloradas,
Horas de confïanza y de delicias,
De abandono, y de amor y de caricias.
Que así las horas rápidas pasaban,
Y pasaba a la par nuestra ventura;
Y nunca nuestras ansias las contaban,
Tú embriagada en mi amor, yo en tu hermosura;
Las horas ¡ay! huyendo nos miraban,
Llanto tal vez vertiendo de ternura,