Tan breves ¡ay! como después lloradas,

Horas de confïanza y de delicias,

De abandono, y de amor y de caricias.

185

Que así las horas rápidas pasaban,

Y pasaba a la par nuestra ventura;

Y nunca nuestras ansias las contaban,

Tú embriagada en mi amor, yo en tu hermosura;

Las horas ¡ay! huyendo nos miraban,

Llanto tal vez vertiendo de ternura,